
A medida que la película avanza, uno se va dando cuenta de que las convenciones sobre las que la sociedad se mantiene hay veces que no funcionan. Este hecho tiene como resultado en El discurso del rey la figura del logopeda Lionel (Geoffrey Rush), quien pese a no poseer titulación ninguna que lo acredite como médico especializado en tratar estos casos, consigue sacar adelante la ininterrumpida voz del rey, gracias a que decide profundizar más en el conocimiento del futuro Jorge VI o, como él le llama, de "Bertie". Un reto psicológico y personal que le llevará desde las más tristes escenas de la película a las más graciosas o tiernas situaciones que se sucederán en todo el filme.
Tres personajes bien conformados -Jorge VI (Colin Firth), su mujer (Helena Bonham Carter) y Lionel- han bastado para convertir una película basada en un único tema central -¿conseguirá el Rey dar un discurso a sus ciudadanos en plena guerra, cuando más le necesitan?- en una historia entretenida y de lo más amena. Llegué al final de la película queriendo saltar a la pantalla para poder sentirme parte de lo que en ella se vivía. Curiosos escenarios y situaciones que alegrarán a más de uno el día. Esperemos que el galardón otorgado a Colin Firth en la pasada edición de los Globos de Oro 2011 sea un presagio de lo que más tarde acontecerá en los Oscar. Y sin duda, y como cabía esperar, la película queda recomendada.
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