
No voy a ocultar que hasta llegado el día de su fallecimiento no me acerqué a husmear sus libros, más por desconocimiento que por cualquier otra razón. Y aunque resulte triste oírlo, fue entonces cuando decidí leer algo de un escritor que, ya de por sí, parecía buena persona. El resultado: me fascinó su imaginación desbordante, sus invenciones y pensamientos de niño y la humildad con que dio respuesta a estos. En ningún caso me refiero (ni mucho menos) a que sus novelas sean fáciles o resulten de lo menos sugerentes para los lectores. Más bien con esa frase de "invenciones y pensamientos de niño" quiero subrayar su creatividad y viveza a la hora de inventar mundos que sólo un crío podría imaginar con tanta nitidez.
¿Que por qué digo esto? Muy sencillo. ¿Quién se ha parado a preguntarse cómo sería el mundo si un buen día todos amanecemos ciegos? Podríamos responder simplemente que un "auténtico caos" y no andaríamos muy desencaminados pero...¿quién se atreve a idear una reacción política ante el suceso, unas medidas de seguridad, unas vidas personales, un drama social, un nuevo modo de vida que verdaderamente se presenta de lo más auténtico? No muchos, supongo. ¿Y qué sucedería si nuestra amada Península decidiera un buen día separase de Europa por leyes físicas? Un agente externo poderoso (la naturaleza) frente a nosotros. ¿Quién gana, qué sucede, cómo reacciona el mundo ante la noticia? De nuevo, tengo poco que agregar.
En definitiva, no he venido para desvelaros ningún secreto, sino para recomendar Ensayo sobre la ceguera y La balsa de piedra: dos grandes novelas que os estrujarán la imaginación y os harán soñar con un mundo paralelo.

Por mi parte, creo que aún me queda mucho por leer y por inventar imaginando.
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