Blanca y Edu se abrazaban como sólo dos enamorados podían
Con el cigarro de él inventando formas imposibles
Y las rosas de ella renaciendo de nuevo dentro de un jarrón con agua
Entre ellos no se miraban: no les hacía falta
Sólo se sentían el uno tan perdido como el otro
Y eso había sido suficiente para mantenerlos cuerdos durante más de una hora
Blanca se revolvió en la cama y fue la primera en lanzar la daga a su compañero
- Pensé que no querías volver a verme, pero tu abrazo no dice lo mismo.
Edu, sin inmutarse, retorció el cigarro en el cenicero
Consumiéndose éste y consumiéndose él
volviendo al mundo de los despertadores y las gafas de sol
- Yo también pensaba lo mismo… hasta ayer. Vi tu foto, la de Barcelona, ¿recuerdas?
Blanca le devolvió la mirada cristalina de gata, Edu se perdió dentro de ella
Se abrazaron de nuevo como dos quinceañeros, entrelazaron las manos
Y una gota del pasado rodó por la mejilla de Blanca
- ¿Me das un cigarro?
Edu extendió la pequeña cajetilla hasta sus frágiles manos
Blanca extrajo la pequeña porción de olvido con sumo cuidado y la encendió
Con una bocanada de aire que sabía como nunca antes
Blanca se acercó a la ventana y observó las rectas líneas de hormigón que los rodeaban
Edu, por el contrario, fijo su atención en las jóvenes rosas y sus formas irregulares
- ¿Crees que habrá que cambiarles de nuevo el agua?
Blanca liberó una bocanada de humo que la rodeó con un halo de fortaleza y novedad
- Creo que ya va siendo hora de que dejes a las rosas morir en paz
Fue entonces cuando ella tiró el cigarro consumido por la ventana y con él, parte de los sueños que le habían aferrado a la cama.
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